Entre ayer y hoy descubrí dos cosas que me gustaron mucho, y que casualmente se relacionan sin estar concretamente relacionadas, por lo que se me ocurrió pegotearlas en un post, para compartirlas junto a alguna reflexión que me salga, a ver si saco este pobre blog del abandono.
El primer descubrimiento fue ayer, aunque es algo que lleva circulando los intertubez hace un buen rato, pero gracias a un tweet de Boing Boing yo recién me entero. Se trata de una serie increíble de ilustraciones que la NASA comisionó a un grupo de artistas, con la premisa de imaginar colonias espaciales capaces de albergar a unas 10 mil personas. La onda sci-fi setentera me compró de inmediato, y al verlas en grande se encuentran muchos detallecitos geniales (aunque no, no está Wally en las colonias del futuro).
Van las tres que más me gustaron (clic para verlos más grandes), el resto las pueden ver acá y descargarlas en tamaño original (y tal vez usarlos de fondo de escritorio, como hizo esta nerd).
El segundo descubrimiento llegó hace un rato, y me remitió inmediatamente a las imágenes de las colonias de la NASA porque tranquilamente una puede ser consecuencia de la otra. También se trata de un artista imaginando el futuro de la humanidad, o en realidad de su ausencia. Esta vez a través de Pink Tentacle llegué a la obra del japonés TokioGenso, que ilustró a Tokio como sería una vez que la raza humana se haya ido. Las imágenes la muestran bastante baqueteada, e invadida por la naturaleza. De vuelta: tres favoritas (clic y se agrandan), y el resto acá.
Yo dije que para el final iba a tener una reflexión. No puedo evitar pensar en lo que hace unas semanas decía el “científico loco” Stephen Hawking, sobre que si no nos ponemos a pensar pronto en un plan de escape de este planeta, estamos fritos. La idea viene en la mente del hombre hace rato, y la NASA comisionó esas ilustraciones en la década del 70. Por otro lado, la idea de la Tierra desierta ronda la ciencia ficción hace tiempo. Y lo extraño es que las imágenes de Tokio sin gente se ven escalofriantemente pacíficas.
Seguramente ni yo ni los que me estén leyendo lleguemos a vivir en colonias sci-fi con vibra setentera, y si Tokio termina cubierta de plantas, ojalá sea porque la gente encontró una manera de prolongar la raza fuera de este planeta, y no por la extinción. Aunque si seguimos al paso que vamos, hay que ver si la raza humana se merece un nuevo comienzo, si Hawking tiene razón, es la misma humanidad la que está provocando la necesidad de irnos a otro lado pronto.
Yo igual le tengo fe, porque como me enseñó el sci-fi setentero (sesentero, bah, me arruinó el paralelo), podemos soñar con un futuro donde los humanos vivimos en paz entre nosotros, paseando por el cosmos y buscando nuevas formas de vida con las que relacionarnos. Y si podemos soñarlo, esperemos poder también alcanzarlo.










